La formación musical mejora la función ejecutiva del cerebro

“Un estudio llevado a cabo por investigadores del Boston Children’s Hospital ha revelado un posible vínculo biológico entre la formación musical temprana y la mejora de la función ejecutiva en niñ@s y adult@s. El trabajo, publicado en la revista PLoS ONE, ha examinado mediante imágenes por resonancia magnética las áreas del cerebro asociadas con la función ejecutiva, y han ajustado los resultados en base a posibles factores socioeconómicos. Según los investigadores, la función ejecutiva es un fuerte predictor de rendimiento académico, incluso más importante que el coeficiente intelectual. También delcaran que estos hallazgos deberían tener implicaciones educativas importantes.”

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El aprendizaje musical crea neuronas que mejoran el TDAH

La práctica musical en periodos prolongados (al menos nueve meses) se refleja en nuevas fibras nerviosas en el lóbulo frontal del cerebro, la región que, cuando no funciona bien, da pie a trastornos neurológicos como el autismo pero también psiquiátricos como el desorden de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), entre otros.

Ahora un nuevo estudio demuestra esa relación entre la música y la génesis de neuronas y de asociaciones entre ellas (sinapsis) que, según se sabe, proporcionan habilidades cognitivas fundamentales para revertir alteraciones de la conducta como la propia del TDAH.

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Dado rítmico – 4 años A

Con este dado musical fabricado con una caja de cápsulas de café y tarjetas rítmicas intercambiables con velcro, conseguimos siempre una de nuestras sesiones más divertidas, en la que iniciamos a l@s peques en las primeras nociones de lenguaje musical convencional, utilizando progresivamente a “la señora negra” y “el señor silencio” en 3 años; añadiendo a “las hermanas corcheas” en 4 años; y a “la señora blanca” y “el señor sombrero” en 5 años.

En clase tenemos varios dados para trabajar diferentes aspectos musicales (velocidad, intensidad, etc.) o acciones (sentarse, andar, saltar, etc.). Aquí podéis ver algunos de ellos un poquito más cerca:

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Este ejemplo de metodología activa tiene su base en la pedagogía musical de Dalcroze, quien decía que el desarrollo de la percepción del ritmo debía hacerse a través del movimiento, y se basaba en la experimentación y vivencia de la música de manera física, mental y espiritual. Así, uno de los ejercicios fundamentales de este método son los desplazamientos a distintas velocidades, como los que podéis ver en este vídeo de l@s alumn@s de 4 años del cole. Con ell@s hemos utilizado también las sílabas Kodály para identificar los ritmos de negra (TA), silencio (SHH) y corcheas (TI-TI). De esta forma, este otro gran pedagogo relaciona en su método cada figura y su valor con una sílaba, para conseguir sensación fonética y con ella, una cierta agilidad para desarrollar diferentes fórmulas rítmicas.

Uniendo estas dos metodologías, podemos realizar juegos como éste en el que logramos motivar al alumnado y disfrutar muchísimo:

La música y sus efectos: los beneficios del aprendizaje musical

“El cerebro de los músicos es un ejemplo de plasticidad cerebral. Si analizamos todas las acciones que se ejecutan durante la interpretación musical posiblemente nos asombraremos: lectura de la partitura musical, traducción e interpretación del código musical, traslación a movimientos motores, planificación de la ejecución futura,…todo ello acompañado de una gran dosis de atención, concentración y, a la vez, emoción. Este conjunto de acciones que parecen tan simples se traducen en millones de sinapsis, sincronización de ambos hemisferios, conexiones neuronales entre áreas corticales y  subcorticales… No hay duda de que el aprendizaje musical es un potente entrenamiento que se traduce en cambios anatómicos y funcionales. Por ello, los neurocientíficos consideran a los cerebros de los músicos como un ejemplo de plasticidad pues es asumido que no existe otro arte que demande tantos recursos cognitivos como la música (Altenmüller, 2008). Las áreas más afectadas, con un aumento de volumen de materia gris, son precisamente aquellas que más demanda solicitan mientras existe el aprendizaje, es decir, el cuerpo calloso, la corteza prefrontal, auditiva  y premotora, el cerebelo, y las áreas asociativas parieto-occipito-temporales (Gaser y Schlaug, 2003).”

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